Siento fascinación y no puedo explicar con palabras el porqué, y esa es la razón por la que me maravillé con esta ciudad que elijo como la primera para presentarles. El Parlamento, el Palacio, el Bastión de los Pescadores, el Puente de Cadenas, la Iglesia de Matías; todas atracciones ubicadas a orillas del río que separa Buda de Pest, que hacen que, de ambos márgenes del río, las imágenes que obtenemos sean alucinantes: por algo se la llama la Perla del Danubio.

Vista desde los paradores de la orilla

La gente es tan amable y simpática que te dan ganas de abrazarlos. Del lado de Pest, en la costa hay unos paradores con muchísima onda, que al atardecer se llenan, en algo así como un after office. Es una buena oportunidad para conocer a los locales y entender de qué les hablo.

Para ver los lugares más turísticos yo amo los Free Walking Tour de todas las ciudades, y los de Budapest no se quedan atrás. Recomiendo el General y el de la Budapest comunista, no tienen desperdicio. Fuera de estos recorridos, son  infaltables el Museo del Terror y el Mercado.

Lo que muchos dejan afuera: los Baños termales de Gellert y Széchenyi (este último no tiene tanta gracia si no vas el día que podés quedarte a la noche). No soy fan de la idea de las piletas compartidas con tanta gente, pero la experiencia es única: bañarte en piletas a 40° adentro de edificios antiguos. Puedo asegurar que están impecables.

El morfi: Sí, la sopa de Gulasch y todo lo que está hecho con páprika es excelente. Pero lo que nadie te cuenta es del Lángos: una mezcla entre un pan, una pizza y una torta frita, que te lo untan con distintas cosas: salsa de ajo, queso, y una especie de crema agria son las más comunes.

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