“Macron ha ganado en Francia”, “Le Pen derrotada en elecciones”, “La Unión Europea respira en paz”. Estos (entre otras 25 notificaciones que se dispararon una tras otra, cual cascada) fueron los titulares del domingo. Casi que se escuchó al mundo exhalar con alivio… creo que después de tantos resultados inesperados, tantas encuestas equivocadas, se necesitaba ver para creer: todavía queda un pedacito del mundo que no sufrió un giro de 180° en este último año.

Francia, con el 65% de los votos, le canta el re a la tendencia mundial de elecciones ganadas por candidatos antisistema, a la idea de una Francia para los franceses, al discurso anti-UE, anti- musulmán, anti-moderado.

Más allá de su victoria, ¿qué se pone en evidencia?

Hubo un 25% de abstención electoral, cifra muy alta, especialmente para un país con una vida política activa. En París, específicamente, los votos a Macron fueron el 90%. Se pinta el panorama de un país poco decidido en las urnas, reacios a votar a la ultra-derecha pero no del todo convencidos por un joven, sin mucha experiencia política, sin un partido tradicional y aún sin fuerza parlamentaria.

Se pinta el panorama de una república dividida por el enfrentamiento de sectores urbanos versus rurales… Gran Bretaña, ¿sos vos? Se pinta el panorama donde aún hay 35% de la población que se posiciona a favor del cierre de fronteras, de una Francia sin musulmanes…una Francia que sigue abatida y dolida por el terrorismo, que se siente en peligro.

Entre la búsqueda por apoyo parlamentario, las denuncias de ciberataques del Kremlin previos a la elección contra En Marche, y el tener que probarle a ese 25% que no tengan miedo, que no le tengan desconfianza, con la presidencia de Macron se viene un partido interesante.

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