Unos 40 años después de la política “Reforma y apertura” de Deng Xiaoping, que posibilitó nuevamente los viajes a China, el país sigue siendo en gran parte igual de misterioso de lo que lo fue en el siglo XIX. Si bien tres semanas no alcanzan para ver un puñado de lo que China tiene para ofrecer, alcanzaron para mostrarme que se trata de un país multifacético, diverso no solo en sus paisajes, sino en su gente, en sus templos y en su arquitectura. Si en algún momento tienen la suerte de visitar China, déjenme presentarles un must.

Se trata de la ciudad de Xi’an, capital de la provincia Shaanxi, que por 4000 años fue la capital de 11 dinastías. Aunque probablemente hayan visto fotos o copias de los Guerreros de terracota de Xi’an (y si no, aparecen en la peli La Momia 3), nada se asemeja a enfrentarte con un ejército de más de 2200 años en tamaño real. Este ejército, compuesto por más de 7000 soldados (cada uno tiene características diferentes: bigotes, peinados, rasgos de diversas etnias), arqueros y caballos, fue creado con el fin de proteger la tumba del primer emperador de China. Otra actividad que vale mucho la pena, en especial si se trata de un día con poco smog, es un recorrido en bicis tándem por la muralla intacta de la ciudad de Xi’an.

Ahora bien, pasando a la comida, no les voy a mentir: mi primera noche en China comí McDonald’s (imagínense mi decepción cuando me sirvieron granos de choclo en vez de papas fritas), pero es cuestión de animarse y probar. Los soldados de terracota serán el emblema de Xi’an, pero la mejor manera de revivir la antigua China es probando su variedad de fideos, pan y dumplings.

Foto de portada: Tomas Guarna.