La elección finalizó con un 25% de abstención y 12% de votos en blanco y nulos. Es un nuevo record para un país políticamente movilizada. Con 39 años, el Presidente electo será el líder más joven que haya tenido Francia desde Napoleón Bonaparte.

Elección insumisa

En la pequeña plaza de la Municipalidad en un pequeño pueblo en Francia se escuchan los vitoreos y cantos por la victoria del candidato Macron.  Sin embargo, son pocos que marchan y cuando uno escucha sus cantos no es el nombre del presidente electo lo que entonan, sino cantos de Anti-Fascismo.

No siempre se encuentra uno con un resultado electoral tan claro, y al mismo tiempo, tan lejos de los corazones de los votantes. ¿Qué Pasó? Uno tiene que entender antes que nada cómo vota el francés promedio.  La idea de que en un Ballotage haya un 12% de voto en blanco, implica un fuerte mensaje del votante, junto con el nivel más alto de abstención en elecciones francesas desde 1969.  La respuesta a esta incógnita es el nivel de desencanto con los candidatos presidenciales.

La tradición democrática francesa existe desde 1958. Desde entonces, hemos visto la creación de dos partidos tradicionalmente representantes de los dos extremos políticos: La izquierda Socialista y la Derecha Republicana. El votante francés vota a partir de sus ideales, y si no, se rehúsa a hacerlo. Por primera vez en la historia de la democracia moderna francesa, vemos que los candidatos del Ballotage no provienen de los partidos tradicionales. En su lugar, podemos ver partidos “outsiders” donde la izquierda no estuvo representada. Tanto el Front National, creado por el padre de la candidata LePen, y el movimiento En Marche!, creado en 2016 por el presidente electo, son partidos nuevos y con una base electoral que no responde a las tradicionales. La izquierda insumisa de Melonchón y Hamon se ha expresado en diversas manifestaciones anti-gobierno y, como representa la alta tasa de abstención, se ha rehusado a votar por los candidatos de derecha.

El presidente electo Macron es ahora “el menor de los dos males”, un voto útil. Sin embargo, no se lo ve como una victoria, sino como una forma de evitar la derrota.  El concepto de la abstención del voto se utiliza como forma de protesta contra el sistema.  Los fieles a los partidos y candidatos de izquierda se manifestaron el lunes pasado, 1 de mayo, en una marcha Anti-Sistema.  Sin miedo a una ruptura de la democracia, el ciudadano europeo normalmente se da el lujo de no votar, aunque ello signifique la posible victoria de una candidata como la del Frente Nacional.  En Francia la disputa democrática nunca entró en juego, y, sin embargo, las medidas que presentaba el programa de LePen estaban lejos de mantener los ideales tradicionales de Libertè, Ègalitè, et Fraternitè.  La xenofobia que alimentaba el discurso populista de LePen, junto con el paradigma europeo luego del Brexit, proporcionaron suficiente leña para que la extrema derecha llegue al ballotage con un 22% de votos en la primera ronda.

Por eso, vemos hoy que la victoria del candidato Macron demuestra que el votante desencantado de izquierda ha recurrido al voto de oposición contra LePen.  Mientras que la tendencia a voto de la primera ronda estaba segmentada en 4 partes similares, hoy la vemos fragmentada en 3: Macron, LePen, y la protesta anti-sistema a raíz del descontento: el ciudadano prefiere no votar, ya que, a sus ojos, votar a Macron es igual que votar a LePen.

 

En marche?

En vistas del hueco que ha dejado Brexit en la Unión Europea, el ex ministro de economía del presidente Hollande busca reunir a una Europa con lazos aún más estrechos económicamente.  Sin embargo, el pueblo francés ha hablado de su xenofobia.  La candidata LePen, y su obtención del 35% del voto francés, es una muestra de que gran parte de la población no está contenta con la situación actual con Francia como miembro de la unión europea.  Los ataques terroristas han logrado dejar una marca, pero puede decirse que no han logrado su objetivo: Francia se mantiene laica y europea en su elección presidencial.

El programa de Macron busca generar un cambio en la política de trabajo, pero aún así, hay mucho escepticismo.  Macron como ministro de economía no logró resolver el problema del desempleo, que se encuentra en una tasa del 10%, muy alta para la historia francesa. No solo eso, sino que gran parte de estos desempleados son jóvenes, entre los cuales la tasa es aún más alta.  Mientras que la elección de LePen es vista como la elección del populismo nacionalista, se ve al candidato presidencial como representante del mundo financiero que atosiga la economía local francesa.  La sociedad francesa no mira a su presidente electo como el candidato que hubiesen votado, sino el candidato que no implicaba votar el radicalismo de derecha. Mientras que Macron ha ganado, es innegable que LePen ha dejado una gran fractura en la sociedad: la voz del nacionalismo reflejó a principalmente la mentalidad rural, y Macron debe enfrentar la demanda del 35% del país, junto con el 23% que lo ha rechazado en un acto mudo.

 

Foto de portada: Azul Stengel.