¿Ser docente debería ser una de las profesiones mejor remuneradas del país? Sí.

¿Tiene un costo elevarle el sueldo mas allá de la inflación proyectada? También.

¿Se esta discutiendo eso? ¡No!

¿Deberían las provincias sacrificar otro tipo de proyectos (subsidios, planes sociales, obra pública) para elevar los salarios docentes y mantener sus cuentas en equilibrio? Depende.

Esta última respuesta lejos de ser tibia, busca que un aumento salarial más allá de una indexación a la inflación, valga más que tener clase los ciento noventa días reglamentarios. Intenta, en verdad, que se empiecen a discutir otras cosas. La discusión que hoy tenemos en todos los diarios no es esta, es alrededor de si hubo o no una caída del salario real el año pasado en el contexto inflacionario que tuvimos . Los gremios dicen sí, el gobierno dice no.

Hoy estamos atravesando en nuestro país un fenómeno particular. Estamos frente a una administración que tiene una forma de manejar la economía radicalmente distinta a la anterior. Eso significa que si bien desea- según declaraciones y promesas- mejorar y jerarquizar la profesión docente, sus metas inflacionarias y fiscales, sumadas a los presupuestos de provincias “quebradas”, no se lo permiten.

Esto ha generado un clima de convulsión social en varios aspectos. En primer lugar, la inevitable comparación con la administración anterior. La cual elevó salarios constantemente año a año sin preocuparse, por el equilibrio fiscal, la emisión de moneda y la inflación, con todo lo que ya se sabe que ello conlleva. En segundo lugar, la dialéctica de Cambiemos ha generado que una parte de la población tome a los docentes como culpables de la situación actual de nuestro sistema educativo, cuando la verdad es que todos somos culpables. Para darnos cuenta de ello basta con simplemente ponernos a pensar cuándo la educación es parte de la sobremesa del domingo, o cuánto hablamos de nuestro sistema educativo en comparación con la cotización del dólar. ¡Necesitamos de un paro docente para que empecemos a discutir estos temas!

Pero para progresar, la discusión no tendría que pasar por decir si corresponde o no aumentar los salarios o parar. La discusión tiene que pasar por exigir que nos expliquen por qué los resultados de los exámenes nacionales son malos, pasa por marchar a favor de la educación y no en contra de los docentes, pasa por trabajar en favor de la educación, pasa por preguntarnos por qué pasa todo esto. Pasa por pedir que se evidencien cuales son las falencias de nuestro sistema y exigir como ciudadanos la generación de un proyecto educativo innovador sustentado en el tiempo.

La realidad es que el sistema educativo hoy tiene escenarios delicados que pueden explicar el por qué de nuestra situación actual, tanto salarial como educativa. Uno de ellos es que no ofrece las garantías legales para hacerlo más eficiente, porque si algo esta claro es que eficiente no es. Somos de las naciones que mas puntos del PBI “invierten” en educación y menos resultados tenemos. Una de las razones que genera este desequilibrio es que los salarios están mayoritariamente ligados a la antigüedad y no a otras variables como la formación, exámenes evaluadores, u otras situaciones que podrían tener como objetivo la motivación al docente y el crecimiento profesional. La realidad es que se acumula antigüedad hasta veinticuatro años de experiencia, por lo que ¿cuanta motivación puede tener un adulto que a los cuarenta y ocho años llegó a su tope salarial?

Otra situación que aqueja a nuestra educación es la formación y capacitación docente. No es que no haya suficientes maestros sino que, con mil cuatrocientos centros de capacitación docente la calidad de formación se ve realmente comprometida. Para hacer una comparación con un modelo a seguir, los docentes finlandeses tienen no solo concentrados los centros de formación sino que la competencia para poder ingresar es muy exigente por la dificultad del examen y por la cantidad de pretendientes. Además de que la mayoría de los docentes y maestros jardineros no solo tienen titulo universitario, sino también de posgrado. Entonces vale preguntarse cómo generar incentivos para que jóvenes se interesen en ser maestros, y aquí es donde entra la disyuntiva salarial. Pero hay que ser sinceros y exponer que el salario no es la única herramienta de marketing que existe para obtener determinados resultados que deseamos. Los ministerios de educación de cada provincia deberían poner equipos de profesionales que trabajen en pos de lograr atraer jóvenes hacia las carreras educativas garantizándoles buenas condiciones laborales, que no son solo una digna remuneración, sino jerarquizando el rol docente en la sociedad.

El sistema educativo necesita renovarse de manera radical, y esto no significa que se vaya el señor Baradel para que el gobierno pueda enfrentar a un sindicalista menos poderoso e inescrupuloso. Significa que los sindicatos dejen de lado esa posición superflua y poco profesional basada exclusivamente en lo salarial. Significa que tanto docentes, académicos como políticos tienen que comprometerse a reformar la educación argentina para que dejemos de discutir solo salarios, sino que lo hagamos dentro de un marco más integral de políticas educativas.

Una de las críticas que se le hace hoy al gobierno, es que tuvo la posibilidad de intentar generar estos cambios. Un ala de entendidos en educación considera que Cambiemos debería haber sido más flexible en la negociación salarial a cambio de empezar a reestructurar el sistema educativo. Posiblemente, exista otro sector que opine que la estrategia es debilitar a los gremios (en poder y ante la opinión pública) para poder controlar de forma más directa la situación. Pero la realidad es que hasta el momento tenemos casi un mes de paro y sin expectativas de que la situación pueda cambiar mas allá de un arreglo por el 18% indexado a inflación o  del 30% en adelante.

Lo importante es no perder el foco de lo que realmente importa, tenemos que poder pensar mas allá de un conflicto salarial, tenemos que empezar a buscar soluciones y no culpables de una crisis que se viene formando hace ya tiempo.

“Concentremos los centros de capacitación docentes”, “pongamos los salarios docentes a la altura de ingenieros o políticos obligándonos a bajar otros”, “generemos una oleada de pretendientes a carreras docentes”, “reformemos el estatuto que rige sobre los docentes”, ”capacitemos más a los docentes”, “que las evaluaciones nacionales evalúen a chicos y docentes por igual”. Claramente no hay una respuesta correcta, claramente no hay una receta, pero definitivamente tenemos que empezar por algún lado, por el bien de nosotros, por el bien de nuestro futuro.

Tenemos que ir más allá de los titulares sensacionalistas de los diarios y buscar respuestas profundas, que la discusión que hoy empezó por una actualización salarial se transforme en una discusión por el futuro de la educación, consensuado y que perdure en el tiempo de manera independiente a los partidos políticos que estén gobernándonos. Convirtamos el conflicto docente en un plataforma para empezar a discutir las políticas educativas integrales que nos debemos.

Foto de portada: rob791..