24,01% Macron, 21,3% Le Pen.  Así cierra el domingo a la noche una jornada de votación en Francia.  Un día soleado de primavera donde la vida francesa continuaba sin ningún indicio de que había elecciones presidenciales.  En las escuelas no había filas eternas, la gente paseaba por las plazas comiendo helado y hablando del clima- la disputa política no era algo que los afectaba. La política francesa es un gran ejemplo del estilo de vida que ellos llevan: gentil, burocrático y principista. La lucha discursiva está regulada claramente por tiempos asignados igualitariamente para cada candidato, todos deben tener la misma exposición en los medios.  Uno puede ver las pancartas, una al lado de la otra de todos los 11 candidatos.  La batalla política es ahora un procedimiento matemático, cada uno tiene 4 minutos y su guión es preciso y estático. El sistema electoral francés presenta un modelo de dos vueltas (luego de una elección interna dentro de cada partido): una primera vuelta donde cada partido presenta su candidato, y después una segunda vuelta (equivalente a nuestro ballotage) donde solamente pasan dos candidatos ya que ninguno logró tener más de 50% o 10% de diferencia con el otro candidato.  El derecho a voto no es obligatorio, y las estadísticas muestran que hubo una participación del 78%.

 

Partidos Pragmáticos, rompiendo una tradición

Lo más interesante de esta elección es que Fillon obtuvo un 20,01% y Mélenchon obtuvo un 19,58% de los votos.  Podemos ver que la teoría del axioma del egoísmo de Downs-donde los partidos políticos actúan y existen para conseguir votos y por ello van a tender hacia el centro para obtener la mayoría de los votos, por lo que usualmente se tiende al bipartidismo- no fue respetada, pero,¿por qué?  La respuesta se encuentra en el sistema de creencias francés: uno vota por sus convicciones, el voto útil (Vote Utile) no es algo que se practica.

 

Mientras que hubo 11 candidatos, el pueblo francés no se vio representado en las boletas electorales. Sin embargo, esto no los limitó de apegarse a su convicción histórica y a presentar el porcentaje más bajo del voto en blanco después de 2002.

Esta elección es verdaderamente una anomalía en la política francesa.  El sistema bipartidario tradicional ha sido reemplazado por una gran cantidad de partidos nuevos donde hoy, unos días después de la elección, hay un sentimiento de que la izquierda, por primera vez, no está presente como opción política.  Sin embargo, hubo candidatos de la izquierda y de la extrema izquierda, ¿cómo se explica esto entonces?  En la cosmovisión política de los franceses, los partidos que verdaderamente “cuentan” son los que llegan a la segunda vuelta, por ello en este caso donde la izquierda no pasó, no existe como opción política.  Esto explica por qué hay un gran apego a la convicción política en la primera ronda, el voto estratégico se utiliza solo en la segunda ya que tradicionalmente se elige entre la izquierda y la derecha- tendencias claras y opositoras en la mente del elector leal a su partido y lo que explica porque no se utiliza el voto estratégico en la primera ronda.

 

Centro y Derecha

Muchos de mis amigos me dijeron que votarían a la izquierda, incluso si ésta no tenía grandes posibilidades de ganar.  Aunque estuviesen totalmente en contra de la candidata de derecha, se rehusaban a votar al candidato Macron, quien se presentaba como el candidato más fuerte frente a LePen. ¿Por qué se presenta este fenómeno, y qué estrategia de voto tomarían?

Luego de conversaciones con mis colegas de estudio franceses en Sciences Po, he logrado entender un poco mejor el panorama político.  La izquierda estuvo muy dividida e indecisa en la elección del candidato Hamon, el Parti Socialiste no dedicó muchos de sus recursos en la campaña política del mismo y en el apoyo a este candidato-esto fue reflejado en los votos.  Por otra parte, vemos al candidato Mélenchon, quien presenta una izquierda demasiado extrema para los gustos franceses y por otra parte Macron no es verdaderamente un candidato de izquierda sino que de centro.  Podemos explicar también la emergencia de Le Pen como un outsider de la política.  Los dos candidatos que han pasado a la segunda ronda son candidatos de partidos no tradicionales- ellos responden a la búsqueda de un cambio en la política por parte de la población francesa.  Ambos outsiders proponen cambiar el juego político, ofreciendo opciones nunca antes estudiadas por la política francesa.  Sin embargo, estos políticos se encuentran muy alejados de la realidad social de Francia con propuestas pragmáticas en vez de apegarse al sistema tradicional de partidos, lo que hace que no haya una identificación hacia un partido, sino con el candidato.
Puede verse entonces una contradicción: entre la sociedad que busca un cambio en la política francesa y un rechazo a un sistema de partidos no tradicional.  Veremos como termina este debacle político en la segunda ronda de elecciones que será el 7 de mayo entre el candidato de En Marche! Y la candidata de Front National.

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