¿Qué está pasando en el mundo? ¿Estamos en peligro de presenciar una tercera guerra mundial? ¿Qué onda  con el crecimiento de la extrema derecha? ¿Viste Black Mirror? ¿Tengo un chip en el cerebro? ¿Y el nuevo auge del comunismo de dónde salió?

La conciencia social crece constantemente y cada vez discutimos más acerca de los acontecimientos mundiales. La difusión de las comunicaciones y la introducción de éstas en países que antes estaban aislados del mundo, genera un flujo de opiniones sobre todo lo que nos rodea. La mayoría de las personas hoy en día, tiene al menos una vaga idea de lo que pasa globalmente, y critica los sucesos como si estuviese parado a cuestión de metros. Formamos parte de una era que logra presenciar todo en vivo y en directo, desde milagros hasta tragedias, mientras estamos cómodamente sentados en un subte.

Pero, ¿intentamos buscar explicaciones para lo que sucede en el mundo? Acá está lo interesante. Podríamos argumentar que la sociedad se inclina a la crítica y a la charla sin fundamento sobre acontecimientos tanto locales como internacionales. Sin embargo, lo que está sucediendo es la búsqueda constante de explicaciones. Preguntas como: ¿por qué usan armas químicas en Siria?, ¿cómo hacemos para saber si hubo fraude electoral en Ecuador?, ¿cómo es que en Argentina los violadores salen a la mitad de la condena?, ¿en qué manera influye China en la crisis de Estados Unidos y Corea?, nos llenan la cabeza todos los días.

La falta de explicaciones genera ciertas reacciones: la desesperación, la frustración, la tristeza, la bronca… elementos conocidos y producidos por situaciones que vemos y sentimos, no solo localmente, sino a través del mundo. Estamos acostumbrados a un país en el cual, en los últimos años, la sociedad demandó saber la verdad mediante distintos mecanismos. No obstante, parece ser que este fenómeno se está desencadenando no sólo en la Argentina, sino alrededor del mundo en tres aspectos.

El primer aspecto a considerar, son las teorías políticas extremas también conocidas como extrema derecha y comunismo. En los últimos meses estuvimos viendo tanto la resurrección de estas dos corrientes, como su expansión alrededor del globo. Y no es menor señalar que están creciendo demasiado rápido. Las razones son muchas: el cansancio por ciertas injusticias, el odio insertado en la sociedad, la inexactitud de la información, y más importante, la falta de respuestas aceptables acerca de ciertas quejas sociales. La gente demanda saber qué hacer con los inmigrantes, qué hacer con los atentados de los lobos solitarios, qué hacer con la caída de su moneda, pero sólo encuentran silencio; excepto en los candidatos extremistas. Estos son los únicos que plantean respuestas, si bien en muchos casos pésimas, pero respuestas al fin. Lamentablemente, es en estas soluciones radicales en las cuales la gente encuentra consuelo.

El segundo aspecto a analizar, es el nuevo auge de las distopías o anti-utopías como intentos de explicación o predicción del futuro. Estas son sociedades ficticias indeseables, es decir, se toman elementos del mundo real y se muestra el peor resultado posible. La más conocida es la sociedad que presenta el libro 1984 de George Orwell, que seguro leíste en el colegio. Pero, sin irnos tan atrás en el tiempo, ¿viste Black Mirror, 3%, The 100? ¿Leiste The Hunger Games, Divergent, The Maze Runner? Las distopías son maneras de expresar miedos de la sociedad actual, exagerándolos y potenciándolos al nivel de que aterren. Las explicaciones alcanzadas son casi siempre de un mundo arruinado y súper negativas, pero esa es la idea. La anti-utopía hace que pienses que lo terrible que estás viendo podría pasar, y que para que suceda, hace falta nada más que un pequeño empujoncito. Se dice que toda distopía, tiene una utopía en ella. Es decir, que los creadores de Black Mirror te muestran un futuro nefasto, para que tomes conciencia de lo que puede pasar si no controlamos ciertas variables que parecerían estar al alcance de nuestras manos.

Finalmente, el tercer aspecto, es la muy conocida protesta social. Hoy en día, hay manifestaciones en todos lados del mundo, no solo en América Latina o en países con gobiernos inestables. Protestas en Estados Unidos, Venezuela, Turquía, Ecuador, Medio Oriente, y no nos olvidemos de las protestas locales, en casa. La gente sale a pedir respuestas porque los intentos de explicación no les alcanzan o porque realmente sienten que se les está ocultando algo. En esta era, donde todos podemos googlear cualquier cosa que queramos saber, y adquirir la respuesta que queríamos encontrar en cuestión de segundos, la sociedad quiere contestaciones rápidas. Lamentablemente para muchos, se acabó la época en la que los políticos y los medios afines decidían de que debía enterarse la sociedad y de qué no. Ahora, la gente demanda y si no, condena. Y lo más llamativo, es que lo hacen tan fácilmente como en 140 caracteres.

Tenemos que comprender, que el peligro es la falta de información, las mentiras, los secretos… Hay que aceptar que hoy en día, la gente tiene que tomar un rol más participativo en los ámbitos de la realidad política, tanto local como internacional. No podemos seguir acudiendo a los partidos extremistas, a un aula itinerante o a Netflix para intentar entender lo que pasa o pasará. Hay que abrir canales de comunicación, hay que escucharnos, hay que leernos, hay que votar… Lo que es incuestionable es que la sociedad quiere participar, quiere opinar y quiere saber más que nunca.

Foto de portada: MattysFlicks en Flickr.