Por los meses de marzo y abril, se llevó a cabo en el Luna Park un show que complementa la música de Soda Stereo con el circo del Cirque du Soleil. La compañía circense canadiense vuelve a la argentina con su más reciente show: SEP7TIMO DÍA.

Personalmente, tenía mucha expectativa para el espectáculo. Saqué las entradas casi un año antes, y la espera se me hizo eterna. Cuando finalmente llegó el día, pude decir con certeza que es un espectáculo increíblemente logrado. ¡Me quedé con las ganas de ir de nuevo!

La noche empieza con una voz en los parlantes explicando como, por primera vez, el legendario trío que formó la banda Soda Stereo, se abrirá, dejando entrar a alguien más a la intimidad de su producción artística. El techo del estadio se ilumina, tres luces forman el triángulo representante del trío conformado por Cerati, Bosio y Alberti. El grupo (al menos por la duración de la noche) amplía ese tan íntimo triángulo, nos deja entrar y nos invita a embarcarnos en un viaje a través de su música.

Mis entradas fueron en el campo, llamado Movistar Zoom Zone. Cito a mi madre para decir: “la pegamos”. La experiencia es única. La escenografía del circo se desplaza por el Zoom Zone, y el público debe correrse para darle paso. Uno debe estar atento a las indicaciones del staff, llamados Ángeles Eléctricos, que a cada rato gritan “¡Para atrás!”, “¡Para el costado!”, “Un pasillo, por favor”. En un momento, estás en primera fila, con esas personitas tan flexibles y hábiles tan cerca que hasta haces contacto visual con algunas de ellas. Hasta que en un instante, el foco de atención cambia y toda la gente se moviliza hacia el nuevo acto, y quedaste en la esquina incorrecta del estadio. Es muy innovador y divertido, aunque por momentos los empujones fueron demasiados y moverse se hacía difícil.

SEP7IMO DIA es un show dinámico, interactivo; nunca había vivido algo así. El público no es sólo público, sino que forma parte integral del espectáculo. La típica relación de diferencia que tiene el público tradicional con el artista se pierde. Los acróbatas, con sus disfraces opulentos y peinados coloridos, se bajan del escenario y te invitan a ser una parte más de las miles de piezas que conforman el show. Las luces que iluminan a los artistas te iluminan a vos también. Cuando al principio, la voz del parlante te invita a participar en un viaje, te invita a participar en el show. El espectáculo es como es porque vos saltas cuando te piden que saltes, porque cooperas y por la atmósfera que se crea.

Todo esto no desplaza la inmensa admiración y respeto que siento hacia los intérpretes tan sorprendentemente habilidosos. No me cansé de aplaudir a estas personas capaces de saltar metros sobre mi cabeza, ni por esa acróbata que bailaba colgando de su rodete (¡qué dolor!), ni por el señor que pasó los seis minutos que dura ‘Hombre al Agua’ efectivamente, bajo el agua, lo cual sigo sin entender.

En síntesis, si tienen la oportunidad de ir, no lo duden. Mi recomendación es conseguir el disco que sacaron con el soundtrack del show, titulado SEP7IMO DÍA, con las versiones interpretadas en el espectáculo, las cuales incluyen mash-ups, versiones alternativas de los temas originales y fragmentos de presentaciones en vivo. Pónganse a escucharlo y vayan preparados: ¡El show se disfruta mucho más cantando y bailando!