Con 35 años, luego de 6 meses fuera de las canchas, un día Roger Federer decidió volver a su reinado, a competir en el circuito del cual supo ser durante 302 semanas el número uno. Todos los fanáticos esperábamos su regreso, volver a ver a la perfección suiza en las pistas. Siempre pensé que sería una demostración de que su tenis seguía siendo bueno, pero jamás pensé que demostraría que seguía intacto, o quizás, aún mejor.

Regresó en enero en el Abierto de Australia, otro Grand Slam volvía a contar con su presencia. Duelos estupendos, demostraciones de tenis, de solidez y de confianza vimos a medida que avanzaba el torneo; y finalmente los fanáticos tuvimos, una vez más, la final soñada en un Grand Slam de la mano de Roger Federer y Rafa Nadal. El resultado es conocido por todos: la mejor final de la historia y el título que “su majestad” más festejo en su carrera.

Luego de una corta participación en Dubai, el suizo volvió al primer Masters 1000 del año encontrándose con un cuadro con dos rivales durísmos, Novak Djokovic y Rafa Nadal. Avanzando con contundencia Roger llegó a octavos para enfrentarse, una vez más a Rafa Nadal en lo que podría haber sido “la revancha” del español luego de la gran final de Australia. Sin embargo, esos no eran los planes de un Roger Federer que salió a la cancha con una contundencia avasalladora y no le permitió al mallorquín tomar la iniciativa en ningún momento del partido, obteniendo un pase a cuartos más rápido de lo esperado.

Avanzando con la misma firmeza que en octavos, Roger llegó a la final donde enfrentaría a su compatriota Stan Wawrinka. Otra vez, nos deleitamos con una gran final donde Federer supo jugar totalmente enfocado en los momentos claves, llegando así a quebrar el último game de cada set para quedarse con el primer Masters 1000 del año, convirtiéndose en el jugador más veterano en ganar este tipo de competencia y logrando meterse en la pequeña elite de tres jugadores (junto a Lendl y Connors) con al menos 90 títulos ATP.

Pasado Indian Wells, llegaba muy pronto Miami donde Federer declaró que tenía como objetivo hacerse presente en las semi finales del torneo. Con el objetivo cumplido, Roger llegó a dicha instancia y se enfrentó al joven Kyrgios. Fue un partido épico: la leyenda del tenis se enfrentaba a una de las promesas del tenis mundial. En un enfrentamiento de estilos, el niño rebelde contra la elegancia de un señor. En un partido ajustado Federer logró el pase a la final en donde, una vez más, lo estaba esperando su eterno rival, Rafa Nadal. Las expectativas eran muy altas, se esperaba un partidazo y una atmósfera insuperable. Como es de costumbre, este domingo los dos astros del tenis no defraudaron y brindaron un partido de calidad, lucha y regalando unos puntos de lujo para todos los que estábamos prendidos al televisor y para los afortunados presentes en el estadio. La hazaña fue enorme: ante un luchador incansable como Rafa Nadal, jugando un tenis estupendo y generando games eternos, Roger nuevamente levantó el trofeo de campeón para llegar así a su título número 91.

Además de ser un regreso soñado, un cuento de hadas para los amantes del tenis, la vuelta de Federer al circuito deja mucho que analizar. A sus 35 años pareciera estar mostrando el mejor tenis de su carrera, lo cual no es poco decir, y una fortaleza mental admirable. Pero esto no es casualidad, no fueron suerte ninguno de los tres trofeos ni el tenis deslumbrante demostrado a lo largo de sus últimos partidos. Roger Federer supo reinventarse durante su carrera para continuar vigente luego de tantos años en la elite mundial. Primero fue el gran Edberg quien llegó como entrenador en un momento donde no estaba encontrando su más alto nivel y comenzó a sacar nuevamente lo mejor del suizo. Pero ese ciclo concluyó y Roger supo que nuevamente debía encontrar a alguien que lo haga mejorar y así poder soñar con darle batalla a las nuevas promesas del circuito que empiezan a asomar. De este modo llegó Ljubicic para darle a Roger una nueva herramienta: un revés letal. Así Federer logró convertir su mayor “debilidad” en una de sus armas de ataque.

Quizás algunos alienten a Rafa Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray o a cualquiera de las nuevas promesas más que al suizo, pero el mundo del tenis hoy se rinde a los pies de Roger Federer por la calidad de su regreso. El mundo del tenis se emociona por el énfasis de los festejos al ganar un torneo de un jugador que ya ganó 91. El mundo del tenis está feliz de que su majestad esté de vuelta. El mundo del tenis reza porque el eterno número uno no se retire nunca.

Foto de portada: Guillaume P. Boppe.