“El cambio es inevitable. El progreso es opcional” John C. Maxwell

, John es un coach y autor experto en liderazgo. Pero lo que dice no solo se tiene que limitar a lo personal. También se puede llevar a otros ámbitos. Últimamente se podría decir que los mundos de la tecnología y la economía son unos en los cuales esta máxima se aplica perfectamente.

Las noticias y los desarrollos para los entusiastas de la tecnología y la ciencia no podrían ser mejores. Budweiser logro con éxito utilizar un camión de transporte sin conductor en EEUU. Tesla trabaja y mejora cada vez más la IA (Inteligencia Artificial) de sus autos, llegando al punto de haber salvado una persona gracias a ello. El prototipo del auto sin conductor de Google recorrió cientos de miles de kilómetros sin problema alguno hasta tener un solo accidente, del cual se concluyó que la culpa fue del humano que circulaba en el otro auto. Uber planea tener una flota de autos sin conductores. Watson, la IA de IBM, ha mostrado ser sumamente capaz de resolver casos legales sobre derechos humanos y ayudar a los doctores a pronosticar enfermedades. Respecto a lo legal, en UK se lanzó una app que era capaz de responder cuestiones básicas tales como “¿Es legal que me multen en tal circunstancia? ¿Cuánto debo pagar?” automatizando la labor de consultoría básica. Hasta en cosas en las cuales antes se consideraba que un programa no podía tener función alguna, han tenido un importante desarrollo. Ya hay programas que generan música sin intervención humana y que al oído le es imposible distinguir si fue hecho por un algoritmo u otro ser humano.

Los muy alarmistas afirman que la cantidad de trabajadores desplazados por estos avances va a ser tal que se podría generar una masa de desempleados sin función económica alguna ya que sus puestos serian reemplazados por programas o robots que hagan las mismas tareas a un costo mucho menor y además, los nuevos puestos creados por estos avances (la destrucción creativa) tendrían una serie de requisitos de entrenamiento y conocimiento que les sería imposible cubrir, en tiempo y gasto, dentro del corto plazo. Como soluciones se plantea implementar un UBI (Universal Basic Income) que sea varias canastas básicas permitiéndole a la gente disfrutar del aumento masivo de la productividad al mismo tiempo que utiliza la plata para poder reentrenarse y así reinsertarse en el mercado laboral. Otra solución posible, sería desalentar o gravar el progreso tecnológico de tal manera que el impacto no sea tan fuerte. Por supuesto la idea de controlar el avance con los gobiernos decidiendo si esto se implementa o aquello no, de manera similar al gobierno mundial de “Un Mundo Feliz” está fuera de la cuestión. Las cosas que facilitan tareas laborales por más que los gobiernos no lo deseen, se terminan implementando tarde o temprano.

Por otro lado, aquellos que no ven problema alguno con este avance tecnológico afirman que el cambio no será un shock repentino sino gradual, permitiendo a los trabajadores poder adaptarse. La idea sería que el costo de implementar las nuevas tecnologías sea tan alto que no todas las empresas serían capaces de aprovecharlas de un mes al otro. También haría más bien a la sociedad que mal. Por ejemplo, las poblaciones que en un futuro se encontrarían con las franjas de edad equitativamente distribuidas, es decir misma cantidad de niños que ancianos, como por ejemplo Alemania o Suecia, podrían aminorar o eliminar directamente los problemas de productividad relacionados con la disminución de la PEA y, consecuentemente, la problemática de financiar a los pensionados.

De todas maneras, deberíamos tener cuidado de no caer en una proyección lineal del pasado hacia el futuro. Que los cambios tecnológicos del siglo XIX no hayan tenido el impacto que los Luddites anunciaban de manera cuasi apocalíptica no significa que se repita lo mismo en este siglo. Un concepto muy interesante que se expone en la materia “Innovación”, es el de desarrollo exponencial de la tecnología. Teniendo una curva exponencial, la mayoría de las tecnologías empiezan a ser desarrolladas y durante un largo tiempo no tienen aplicación práctica alguna o es muy difícil que se extienda a una mayoría esa aplicación, pero dentro de un pequeño margen de tiempo (cuando aumenta la pendiente de la curva) esa extensión o practicidad de la tecnología aumenta exponencialmente. Existen gráficos que muestran la adaptación de nuevas tecnologías dentro de la sociedad en % de uso. Cosas como los lavarropas, autos, televisores, a los pocos años de ser lanzados al mercado fueron adoptados masivamente.

Según estudios, una gran mayoría de los empleos en EEUU están en peligro de ser automatizados, particularmente los que sean tareas muy repetitivas o lineales (Abogados pasantes/Camioneros). Si se llegase a producir esta clase de “estallido” en la difusión de la tecnología con un abaratamiento impulsado por los posibles beneficios que le traería a las primeras firmas que logren desarrollar la tecnología, el shock sería muy difícil de controlar. En foros de internet hay un chiste recurrente sobre el recipiente de algún logro como un premio Nobel de Física o Economía: “¿Pero, sabe programar?”. Lo que es hoy es un chiste, el dia de mañana se podría convertir en una pregunta seria sobre las capacidades laborales de una persona.

Entonces, deberíamos preveer el futuro e intentar aminorar el impacto que tendrá este cambio inevitable en nuestra sociedad. Indudablemente se va a dar primero en Estados Unidos o Europa y luego se transmitirá al resto del mundo. Esto podría conllevar una severa perdida en nuestra competitividad. Si ya Moyano Jr se resistió a que el BCRA digitalice todo el papeleo (Con un argumento bastante pobre sobre el medio ambiente) y los taxistas salieron a demoler a palos a los autos de UBER, ¿Cómo vamos a competir en el extranjero cuando el día de mañana las empresas extranjeras tengan una reducción de gastos imponente gracias a la automatización? Se llega a correr la voz de que se automatizan puestos en este país, y al día siguiente tendremos el país en caos completo.

Las cosas van a cambiar nos guste o no. Está en nosotros ver cómo nos adaptamos a ese cambio y aprovecharnos o terminar padeciendo más penurias.

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