6 de junio de 2004, el tenis argentino escribe la página más gloriosa de su historia. Tres argentinos se meten en la semifinal del torneo más importante sobre polvo de ladrillo, Roland Garros. Dos avanzan hacia la final y, en consecuencia, uno logra coronarse campeón. Por aquellos años, Argentina contaba con 21 tenistas en el Top 100 del ranking ATP y, nada más ni nada menos, que 11 dentro del Top 25. Toda la Legión Argentina se ve reflejada en aquella foto con Guillermo Vilas subido al escenario de premiación junto a los finalistas, Gastón Gaudio y Guillermo Coria, en la Philippe-Chatrier.
Por más fantásticos que hayan sido los cuatro Grand Slams obtenidos por Vilas, el Us Open 1990 en el que Sabatini se consagró campeona y lo mucho que me haya hecho llorar la final de Del Potro venciendo a Federer en Flushing Meadows, parece claro que la final de 2004 está un escalón más arriba. No solo por el hecho de que se disputó entre argentinos, sino porque lo hacían en polvo de ladrillo -superficie por excelencia del tenis nacional- y porque parecían representar a una camada dorada de tenistas nacidos entre 1975 y 1984.

1copadavisFoto: Tennis Buzz

Pero cualquiera podría decirme que en esa foto de la cual hablo no ve reflejado todo el tenis argentino, que falta una “en la que salgan todos”. Y, lamentablemente, lo primero que se me cruza por la cabeza es la Copa Davis.

Esa copa sin la cual se quedaron Clerc, Vilas, Nalbandian y tantos otros miembros del equipo argentino que hoy están fuera del circuito. Esa copa en la cual alcanzamos quince veces la semifinal y en cuatro ocasiones la final y, aún así, se nos sigue escapando. Esa copa, tan cercana en tantas oportunidades, pareciera ser la única capaz de destronar a la final de Roland Garros 2004 como el momento máximo de nuestro tenis o, al menos, capaz de ser una digna adversaria.

Fueron muchas las veces que nos ilusionamos en los últimos años con el equipo nacional llegando a instancias decisivas en la Copa Davis, pero me animo a afirmar, casi con seguridad, de que hubo una ocasión más dolorosa que todas: la final de 2008 en Mar del Plata. El conjunto de Mancini definía de local, elegía la superficie para enfrentar a su rival y, por si fuera poco, Nadal se daba de baja en el equipo español. La balanza parecía inclinarse totalmente nuestro favor, pero ¿qué pasó? Argentina sucumbió ante sus internas, sus egos, sus intereses y su codicia.

2copadavisFoto: Telam

En las semanas previas al duelo se desataba una puja de poder: Macri quería llevarse la final hacia la ciudad de Buenos Aires, pero el gobierno nacional lo impediría, estableciendo como sede Mar del Plata, territorio de Scioli en ese momento. Por su parte, Del Potro decidía jugar el Masters y llegar disminuido físicamente, lo que molestaría al resto de sus compañeros, especialmente a Nalbandian con quien siempre tuvo una relación tensa. El siguiente problema sería la superficie, que si la pelota pica mucho o poco, que si la cancha está rápida o lenta, que si hay que darle una mano más de pintura o no. Poco a poco, con los hechos nombrados y algunos más, la final se iría condicionando y alejando de nuestras manos.

Todos estos problemas se vuelven insignificantes cuando el viernes Nalbandian abre la serie ganándole a Ferrer en sets corridos. Pero cuando un errático Del Potro pierde el segundo punto, todo lo acontecido vuelve a reflotar. Para complicar aún más el panorama, Argentina pierde el dobles el sábado, Nalbandian se va sin dar conferencia de prensa -obligatoria por reglamento- y  en los medios se rumorea que en el vestuario del equipo nacional hubo incluso trompadas. Del Potro se da de baja para el cuarto punto del domingo. Acasusso toma su lugar, se pone dos sets a uno sobre Verdasco en el marco de un estadio repleto alentándolo, mientras Nalbandian entraba en calor y se preparaba para salir a ganar el punto decisivo. En ese momento aparecerían los nervios, la presión y todo lo acontecido en la mente del tenista argentino, lo que terminaría con Verdasco cerrando el partido y consagrando campeón a España, una vez más. Esa tan ansiada foto del equipo nacional con la “Ensaladera de Plata” se le volvía a negar.

Uno podría creer que si Argentina no pudo ganar la Copa Davis incluso con todas a favor, menos podrá cuando la situación no sea tan favorable. Sin embargo, a menos de un mes de una quinta final renovamos nuestras esperanzas. Algunos nombres han cambiado, ya no contamos con la localía -lo que no decido si es realmente una desventaja teniendo en cuenta la experiencia en Mar del Plata- y Croacia parece ser un rival mucho más duro que ese España sin Nadal. Lo único que sigue intacto es esa ilusión de un momento superador a aquella final de Roland Garros 2004 y el deseo de poner, nuevamente, al tenis argentino en lo más alto.

3copadavisFoto: La Nación

Foto portada por Carine06 en Flickr

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