“I think happiness resides where we understand someone else’s point of view and needs. Happiness resides where we are not lost in the solitary dream.” Waters, Roger

El ritmo de la conversación había tomado un giro inesperado. Todo indicaba charla de café, pero en casa y con mate. Luego de comenzar con calma, la temperatura había ascendido y las opiniones salían a borbotones, sin pedir permiso. Llevábamos toda la tarde discutiendo sobre el resultado del plebiscito colombiano. Yo? Indignada por un resultado que, en mi opinión, era cuestionablemente democrático. Mi tío y abuelo, sorprendidos de que – al igual que el resto de mundo, o gran parte de él – haya esperado un final afirmativo.

“No es que esté renegando de la democracia. Pero, era necesario pedir una opinión popular acerca de un tema tan particular? Digo… No solo contaban con el apoyo de la comunidad internacional, sino que con seguridad, menos del 5% de los que fueron a votar habrán leído las 297 páginas. Si no te informas, como pretendes entender lo que esta buscando el otro? Eso es, claramente, una falta de empatía atroz. Y así, como querés que esto funcione…”

La voz de mi abuelo, aunque algo temblorosa, me respondió con firmeza: “Ahí es donde estas equivocada Guguita. Hay dos cosas que, aunque deseables, no son exigibles a ningún hombre: la fe y el coraje. Yo creo que con la empatía, a nivel social, pasa algo parecido. Uno tiene que aprender que la democracia es un juego en equipo: el esfuerzo de muchos puede ser empañado por el accionar de pocos. Y aunque muchas veces eso no nos guste, así es que esto funciona.”

297 páginas, 4 años, 2 partes, 1 acuerdo. Estos son algunos de los números para comenzar a entender una negociación que, hasta el día de hoy, dejó perplejos a muchos. En Colombia, de manera sorpresiva – al igual que con el BREXIT, y tantos últimos referéndums –, el público fue sujeto de la ultima tendencia democrática: la incertidumbre ex ante. La democracia, según el maestre Przeworski, en su sentido mas minimalista es aquel régimen por el cual se elige gobierno y toman decisiones por medio de elecciones inciertas (es decir, sin certeza de quien resultara ganador), irrevocables e iteradas.

Como estudiante de Ciencia Política, la incertidumbre es un concepto con el que nos familiarizamos desde el primer año la carrera. Sin embargo, en la práctica, es algo que “aunque deseable” genera poderosas inquietudes. No por nada buscamos reducir la posibilidad de dejar al azar el futuro de nuestras políticas publicas. Entre las herramientas mas comunes: encuestas, sondeos, modelos de competencia centrípeta, entre otras.

Pero muchas veces, estas herramientas no son suficientes para evitarnos sorpresas. Luego de 52 años de enfrentamiento, el conflicto más antiguo de la región se habría cobrado más de 260.000 vidas, miles de desaparecidos, casi 6 millones de desplazados (sin dejar de mencionar las innumerables violaciones e incontables tragedias personales). Colombia parecía estar lista para decir BASTA. Las calles, repletas de banderas, buscaban con ansias poder celebrar una paz esperada por tanto tiempo. Sin embargo, el 2 de Octubre la situación dio un vuelco. Uribe, la figura líder del 50,22%, junto con Santos, fomento del sí colombiano, representaron en esta ocasión las dos posiciones oficiales que se disputaron el aval al acuerdo de paz con las FARC. Con una asistencia menor al 38% del electorado, el “No” se impuso en los comicios.

Un no que supo amargo, a derrota, pero también a rencor mezclado con un poco de egoísmo. Si tenemos en cuenta que en los lugares más afectados por la guerrilla, el ganó con márgenes cómodos – al igual que en la capital –, la idea de Caparrós toma color. Pero entonces, en mi critica acerca de la falta de empatía, caigo en el pecado de la hipocresía. Porque aquellos que votaron por el no, eliminaron de su consciencia la dicotomizacion del conflicto. Su lema “no queremos revocar, sino reorientar” la negociación, parece la clave que invita al diálogo.

“A menudo, rechazan la guerra los que conocen la guerra; los que la ven de lejos pueden darse el lujo de querer seguirla” M.C.

Entonces, si la empatía no es exigible, tal vez el diálogo sí lo sea. La tragedia que afecta al estado colombiano demanda una solución. Para que la transición a la paz pueda darse de manera estable, la inclusión de todas las partes en el acuerdo es una condición sine qua non. Así, en la situación entre el gobierno y las FARC, el fin del conflicto armado por la vía negociada es clave. El dialogo, en pluralidad, esencial. Pero para ello, necesitamos aprender a jugar del mismo lado de la cancha, para avanzar siempre. Lento pero firme. Si la democracia es un juego en equipo, es hora de que nos pongamos la camiseta y busquemos dejar de lado las grietas que nos separan. La polarización quiebra nuestra defensa y, así, somos vulnerables al tanto adversario. El desafío? Darse cuenta que en un juego como la democracia, somos tan vulnerables como nuestro eslabón mas débil.

Foto Colombia en Pixabay

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