El accionar del Estado Islámico es un fenómeno que ha estado sembrando el terror en las sociedades hasta los niveles más álgidos y, como consecuencia, ha provocado que diversos Estados tengan que tomar medidas para solucionar este problema que involucra a múltiples países.

Sun Tzu dice “conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, y así saldrás triunfador en mil batallas”. Es por eso que para poder vencer al EI primero es crucial entender, entre otras cosas, su surgimiento, objetivos y las razones por las cuales tanta gente se suma a sus filas.

CÓMO SURGE

El surgimiento del Estado Islámico se empieza a dar en el 2000 cuando Abu Musab al-Zarqawe decide fundar una organización jihadista cuyas siglas eran JTWJ, la cual tiempo después se convertiría en lo que hoy conocemos como ISIS.

Dicha organización tiene su bautismo de fuego en el 2004, año en el cual se adhieren a un frente ligado a Al Qaeda, llamado AQI, con el objetivo de luchar contra los norteamericanos.

Producto de haber perpetrado actos terroristas y ser responsable de brutales ejecuciones, Zarqawi es asesinado en el 2006 en manos estadounidenses. Como consecuencia, su puesto es reemplazado por Abu Ayub al-Masri, quien meses después funda el Estado Islámico de Irak (ISI) y nombra como líder a Abullah Rashid al Baghdadi.

En el 2010, tanto al-Masri como Abullah son asesinados por los marines y la cúpula de la organización volvió a ser sustituida, esta vez por Abu Bakr al Baghdadi. Ese mismo año, Obama retiró las tropas asentadas en Irak, contexto que fue aprovechado por el ISI, quien comienza una campaña para luchar contra el gobierno iraquí.

En el 2013, Baghdadi toma la decisión de expandir su lucha para atacar también a Siria. Al mismo tiempo, producto de su ampliación de fines, se decide cambiar el nombre de la organización a Estado Islámico y del Siria (ISIS). La decisión de intervenir dicho país no sólo cayó mal a nivel internacional, sino también en Al Qaeda, que finalmente va a terminar rompiendo relaciones con ISIS en el 2014.

OBJETIVOS

El Estado Islámico no es sólo un grupo terrorista, sino que también es una organización político-militar de corte salafista-yihadista, con acción en el ámbito transnacional.

Para el Estado Islámico no debe haber secularidad estatal, es decir, no debe haber distinción entre religión y Estado. Su  objetivo final de largo plazo es el establecimiento de un Califato que se asimile territorialmente al de la “Época dorada” del Islam en el siglo VIII. Cabe aclarar que por Califato entendemos a una forma de gobierno comandada por un líder religioso, el “califa”, quien es considerado como el sucesor de Mahoma.

POR QUE SON DIFICILES DE COMBATIR

Hay quienes tienden a considerar al terrorismo como un fenómeno social que siempre estuvo presente. Sin embargo, no se puede negar el aumento cuantitativo y cualitativo que tuvo en los últimos años, y en particular, después del 11 de septiembre.

El terrorismo es difícil de combatir porque rompe con la estructura de la guerra convencional, la cual es interestatal y está limitada por leyes inventadas por el Derecho Internacional. Una de los mayores inconvenientes se halla en ese punto, y es que los Estados no pueden-ni deben- cometer las atrocidades que realizan organizaciones no estatales como el Estado Islámico, con lo cual se hallan en condiciones desiguales.

Otro factor que no podemos descartar, aunque parezca fuera de contexto, es el rol que han jugado los medios de comunicación y el internet. Los avances tecnológicos alcanzados por la sociedad en dicha materia han sido utilizados con objetivos malignos, o han caído en manos equivocadas. Es que a través de la tecnología y, más específicamente, a través de la “dark web” el EI colecta fondos, recluta, y difunde su propaganda a aspirantes del jihadismo, lo cual a veces puede ser suficiente para persuadir a una persona a que maneje un camión y aplaste a personas inocentes.

Además, hay que tener en cuenta que el Estado Islámico pelea básicamente en dos frentes. Uno de ellos se basa en la guerra entre tropas yihadistas, enfrentadas a soldados que desean expulsar al ISIS y el otro, más difícil de eliminar, lo veremos a continuación.

Cuando hablo del segundo frente, estoy tomando como ejemplo a los atentados perpetrados en París, Bruselas, Niza o Tailandia. Son ataques difíciles de prevenir porque muchas veces son llevados a cabo por ciudadanos natales de los países. El común de la gente cree que el objetivo de estos ataques es el de causar bajas, aunque en realidad, el verdadero fin es el de causar terror en los enemigos y así mostrarse como un “ejemplo” para posibles adeptos. Laqueur, un experto en el tema, dice que “En último término, no es la magnitud terrorista la que cuenta, sino la publicidad que recibe”.

POSIBLES PANORAMAS FUTUROS

En los últimos días los medios de comunicación masivos sacaron a la luz la noticia de que el EI está perdiendo lugares geoestratégicamente importantes y, en líneas generales, está perdiendo la guerra.

En verdad, esta noticia no es tan buena como a simple vista parece. La fortaleza ideológica de este grupo yihadista es muy grande y, a pesar de que sean vencidos en el terreno de batalla, es muy probable que ataques como el de Niza sigan sucediendo. Además, la eliminación de una organización no significa que se la extirpe de raíz, ya que en la mayoría de los casos éstas se alían a otras ya existentes (podría ser Al Qaeda), o directamente emergen nuevas organizaciones que pueden llegar a ser todavía más temibles(tal como hizo ISIS en su momento).

¿Qué medidas deben tomar los Estados para palear el terrorismo?

Algunos autores como Schmitt o incluso políticos al estilo Trump dirían que en situaciones como estas uno se encuentra en un “estado de excepción” y, por lo tanto, debe hacer oídos sordos a lo que dicta el Derecho porque si no se toman decisiones drásticas, se puede caer en un estado de naturaleza donde no exista ni derecho ni orden.

Sin embargo, no creo que esa sea la respuesta correcta, dado que la fortaleza del Estado no debe radicar en una naturaleza violadora de los derechos humanos. A mi parecer, el esfuerzo de los ejércitos ya no se debe centrar solo en el entrenamiento de tropas que luchen en el terreno de batalla, sino en la constante capacitación en guerra cibernética e inteligencia. Es a través de este medio por el cual se puede conseguir limitar el acceso a los recursos materiales, descubrir quiénes son afiliados, dónde se ubican, y qué modus operandi tienen.

Además, los Estados deberían formular una definición de terrorismo que sea aplicable en todos los países y que no tenga ambigüedades. Si bien puede parecer una cuestión vulgar, el hecho de que un concepto deje la posibilidad de que existan las llamadas “lagunas del Derecho” es sumamente grave y dificulta aún más la capacidad de respuesta que se pueda llegar a tener.

Foto por Israel Defense Forces en Flickr

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