21 de julio de 2016. Salta, Argentina.

Jueves, 5:30 Am. Aún no salió el sol, debido a que es invierno. Hacen 2° y en una mañana cualquiera no madrugaría a este horario, mucho menos con la temperatura que enfrento. Pero hoy es un día especial. Voy a conocer al ícono del turismo salteño, y así como dice la canción de Soledad Pastorutti, hoy “viajo por las nubes”.

Lamentablemente, no podré recorrer el trayecto original del ramal C-14 del Belgrano Norte, que iniciaba en Salta Capital y finalizaba en el Viaducto La Polvorilla. Fruto de años de abandono en materia de inversiones y reparaciones, los años y el duro clima salteño de altura le pasaron factura a esta obra de ingeniería inaugurada allá por Julio del 72. El año pasado, el tren descarriló tres veces, por fortuna no hubo heridos, pero sí quedó al descubierto que era necesario reparar las vías. Las obras han iniciado, es por eso que ahora, el tren posee un recorrido mas corto en comparación al original. Durante este año y los próximos dos, el tren recorrerá el trayecto San Antonio de los Cobres – Viaducto la Polvorilla (42 km versus los 434 km del camino original). El resto del recorrido se encuentra en reparaciones.

A pesar de saber que no recorrería los 434 km originales, he decido embarcarme en esta aventura junto a un amigo, ya que la zona de mayor altura (4220 msnm) y más fotografiada sigue formando parte del circuito. Hasta San Antonio de los Cobres, iremos en una combi con un guía turístico. La ruta (en su mayoría de tierra) que llega hasta la estación bordea las vías del tren, por lo que puedo apreciar una vista similar a la que tendría desde el tren si hubiese viajado en años anteriores. Diversos accidentes geográficos como quebradas y cerros de colores que van del gris al rojo embellecen el camino. Durante el recorrido, se pueden observar al costado de la ruta guanacos, llamas, cabras y vacas criadas por los nativos. Es llamativo observar la flora también. Al inicio del camino, apreciamos cardones y algunos árboles. Luego de los 3000 msnm, sólo unos pequeños arbustos que lograron adaptarse a sobrevivir con poco oxígeno.

Para combatir el mal de altura, masco hojas de coca durante el camino, o cómo se dice allá por el norte: “voy coqueando”. Nuestra primer parada es en Santa Rosa de Tastil, un pequeño poblado de 25 habitantes ubicado a 3110 msnm, allí nos esperan un grupo de artesanos ansiosos por vender sus productos. A 2.500 m de la pequeña población se encuentran las ruinas de lo que serían la comunidad de Tastil, un pequeño y antiguo poblado pre-incaico que existió en el lugar a fines del siglo XV. Luego de media hora en el pueblo, me subo a la combi.

Seguimos el camino hasta llegar a San Antonio de los Cobres, lugar donde empieza el Tren a las Nubes. Al llegar, me impactó ver un cartel un poco oxidado de Coca Cola, con la imagen de una cholita (mujer andina) con una botella del producto en las manos, y la leyenda “Bienvenido a San Antonio de los Cobres”. Atravesamos el pueblo en la combi hasta llegar a la estación, ya casi es mediodía (hora de partida del tren).

Me posiciono en el tren junto a mi amigo, acordando intercambiar el lugar de la ventanilla durante el trayecto para que ambos podamos apreciar el paisaje. Luego de unos minutos el tren arranca, viajamos a capacidad completa. A metros de la estación ya atravesamos el primer puente de altura, la sensación de estar arriba del tren es increíble. Tomo un par de fotografías del paisaje y lo aprecio con detenimiento, el paisaje es hermoso. El tren sigue a una marcha lenta hasta llegar a una mina de oro abandonada llamada Concordia, en este lugar la locomotora cambia de posición (de adelante pasa para atrás) para luego seguir rumbo al Viaducto. Estamos ya a dos kilómetros del punto final. A medida que el tren avanza, suben los metros sobre el nivel del mar y con ellos aparecen los primeros apunados (afectados por el mal de las alturas) en los vagones. Me ha tocado un día despejado, no podré decir que toque el cielo con las manos, pero me basta con saber que tengo la visibilidad completa para apreciar el paisaje en todo su esplendor.

Llegamos al Viaducto la Polvorilla, icónico lugar donde, generalmente, se toma la postal más reconocida del tren. Luego de atravesarlo y volver, nos detenemos en el lugar. Ya me encuentro a más de 4200 metros sobre el nivel del mar (había iniciado mi viaje a los 1187 msnm). Nuevamente, me encuentro con vendedores de artesanías. También, hay un pequeño grupo cantando canciones folclóricas acompañadas por instrumentos de viento. Mientras aprecio el paisaje y tomo unas fotos durante mi corta estadía en esa parada, se acerca una pequeña que vendía artesanías por el lugar y me toca la espalda. Me doy vuelta y con una sonrisa extiende su mano. Me obsequia una pequeña piedra blanca que aún conservo, me dice que es para la fortuna y la buena suerte.

Suenan las campanas del tren, falta poco para partir. Guardo la piedrita en mi bolsillo y me despido del lugar con una sensación rara, el regalo que recibí provocó tanto en mí que me prometí que al regresar escribiría de esto. Para que más gente se entere y visite el lugar. Almuerzo  milanesa de llama en San Antonio junto a mi amigo y parto rumbo a Salta. Ya agotado, en el camino de vuelta saco la piedrita para observarla mientras veo por última vez el hermoso paisaje que me acompañó todo el día. De a poco, mis ojos se van cerrando hasta quedarme dormido con la piedra blanca en una de mis manos. Yo no sé si la piedrita trae fortuna, tampoco sé si trae buena suerte. Sólo sé que cada vez que la tenga en mis manos voy a recordar este viaje, y tendré ganas de volver. Porque hay lugares donde uno se queda, y lugares que quedan en uno. Volveré, pero no sin antes convencerlos de que visiten el lugar.

Foto: en Flickr por nicomendoza84

Foto de portada: .