Jaime Chemea fundó Winery, una de las vinotecas más importantes del país, junto a sus hermanos a los 25 años. Después de darle un intento a la arquitectura, se dio cuenta que lo que realmente le apasionaba era la construcción, pero no la construcción desde los ladrillos, esta construcción iba más allá.

Jaime era un constructor de propuestas, espacios y lugares que transmitían un agregado al consumidor. Un local en donde pasan cosas.
Winery surge de querer independizarse sumado al conocimiento que tenían sus familiares de la industria del vino. Pero el que conoce el local sabe que en esta vinoteca encuentra algo que va más allá de los productos: la experiencia de compra.

¿Cómo es empezar un proyecto de cero? Te imaginamos trabajando en todas las áreas, ¿esto es así?
Cuando empecé era todo. Y creo que todo comienzo tiene esa etapa, que a veces es mas corta o mas larga. Uno como emprendedor tiene que estar en todo.
Emprender no es full time, es full life, te despertás y te dormís pensando en eso, que en ese momento es lo que más te gusta hacer.

¿Cuáles fueron los principales contratiempos al comienzo? (De Winery y The Shelter)
La diferencia entre los tiempos mentales y los físicos. A veces, las ideas se te ocurren rápido o tomas decisiones sobre acciones, que para después llevarlas a cabo y concretarlas, lleva mucho más de lo que uno imagina.

¿Tenés algún recuerdo anecdótico de la primer etapa emprendiendo?
Bueno, el día que firme el contrato por el primer local de Winery, fue un viernes a las 15:00hs. A las 20:00, cinco horas después, yo seguía arriba de un andamio martillando el yeso que había en el techo, ya lo estaba desarmando; no había proyecto ni plan alguno todavía. Recuerdo que me llamaba mi vieja para comer y ahí bajé, cerré y me fui.

¿Cómo pensás que lograron meterse en la cabeza del consumidor?
En principio, como con mis hermanos, estábamos todo el tiempo presentes y coincidimos en la importancia de la atención al cliente y la de generar una experiencia para que vuelva. Para eso usábamos todas las herramientas: la atención, hacerle probar un vino, teníamos cafetería, entre otras cosas.
Queríamos darle la posibilidad de que se puedan sentar, que sea una pausa, no que sea solo un local comercial en el que entrás, comprás y te vas.

Para eso es necesario personal calificado.
Lo teníamos al principio; cosa que no era fácil de encontrar porque hace 17 años, no era tan común como hoy, ni la carrera de sommelier, ni la gente con conocimiento de vinos.
Pasados los años, y la empresa habiendo crecido en algunos puntos, se diluyó esa cosa artesanal. Ahora estamos volviendo nuevamente a eso, a tener en cada tienda alguien especialista en los productos.

La empresa fue fundada con tus hermanos, ¿cierto? ¿Cómo es trabajar en familia?
Sí, la fundamos con mis hermanos. Trabajar en familia para nosotros era lo más natural, porque veníamos de eso, al principio no era cuestionable, no había otra alternativa.

Después pasado el tiempo y cuando todos cambiamos es más difícil. Para un comienzo es buenísimo, porque hay confianza y el mismo sentido común hace que, sin tratar los temas, se decidan las mismas cosas. Pero, yo creo que es muy bueno para una etapa, después hay que evolucionar, hay que desarrollarse como empresa y saber cómo es el perfil, y para qué es mejor, cada uno.
A los veintipico de años, los intereses son casi iguales. Después de varios años pueden ser distintos.

¿Recomendarías emprender?
Yo creo que hay gente que está para emprender o ser independiente, y hay gente que es mejor para ser parte de un proyecto no propio. No tiene nada que ver con lo económico ni con el nivel de desarrollo, creo que tiene que ver con la personalidad. En ambos caminos hay enormes satisfacciones de éxito.
Yo recomendaría emprender si es la vocación de cada uno, si alguien tiene la chispa esa de libertad, de iniciativa y de entusiasmo por hacer algo.

¿Qué buscás a la hora de elegir gente para trabajar?
Fue todo un aprendizaje, en algún momento buscaba gente con entusiasmo, eso me parece indispensable, ese es el denominador común que siempre busqué. A veces, me equivoqué, porque no es sólo eso lo que se tiene que tener, se requiere conocimiento técnico, experiencia, entre otras cosas, dependiendo el área donde esté a cargo.

¿Cuál es en tu opinión la clave a la hora de liderar?
Lo que voy a decir, lo digo en parte por lo teórico y busco llevarlo a la práctica siempre.
Trato de liderar con el ejemplo, y en la búsqueda permanente de darle libertad a los que mejor saben hacer las cosas.  No es tarea fácil soltar lo que uno quiere, lo que depende mucho de uno, de lo que uno se siente responsable. En eso está crecer, el crecimiento viene únicamente por ahí, saber a elegir a quiénes y con quiénes, y darles la responsabilidad.

Y, obviamente, las cosas nadie las va a hacer como las haría uno.
No, probablemente las haga mucho mejor. En la medida que pasa el tiempo, después de 20 años de haber emprendido hay gente que puede hacer las cosas, muchas cosas, mejor que yo.

¿Pensaste en abandonar,en algún momento?
¿Abandonar? Mil veces.

¿Por distintos motivos?
Sí, todo tipo de motivos. A los 25 años me acuerdo que mis amigos, por ejemplo, un domingo iban a una pileta y yo estaba ahí, en el local. Por temas financieros, por juicios, por quilombos de todo tipo.

¿Y cómo surge The Shelter Coffee?
Todo empieza hace 5 años, en un viaje a Australia y Nueva Zelanda que hice. En este viaje me topé con una taza de café sublime y se podría decir que todo el viaje se basó en eso, en probar cafés que eran excelentes. Así,me incursioné un poco en los temas del café y, a su vez, veía las tendencias que se daban con el café en otras partes del mundo que todavía no llegaban a la Argentina. También, me quejaba del café de Buenos Aires todo el tiempo.

Pero un día, casi simultáneamente, decidí que quería formar parte de esto, quería transmitir a Buenos Aires la experiencia del café como la que yo tuve, y a la par, conocí en una feria orgánica de Palermo a quién hoy nos tuesta y nos hace el blend del café.

Tomé contacto con el chico que hace esto y me llevé su folletito. Tuve ese folletito en mi escritorio, en mi mano, en mi bolsillo hasta que un día llamé y fui. Así, fue como todo esto se fue dando

¿Y por qué surge The Shelter? Es mezclar negocios con placer?
Sí, negocios con placer para mi están de la mano. Negocios sin placer… Yo no podría. Esto tiene un poco de otras cosas. Desde ya, que si lo hubiera planteado sólo como negocio hubiera hecho un par de cosas distintas.

¿Qué rol juega la edad a la hora de emprender?
Me parece que cuanto más joven, se genera más la idea de tener más tiempo en el futuro, permite que uno emprenda. Me acuerdo que tenía 24 años cuando empecé, y a veces decía: ‘y si me va mal…’ Y bueno, y si me va mal, empiezo de vuelta, entendés? Cosa que más naturalmente, a los veintipico te puede pasar. A los cuarentipico, ya con otra perspectiva de la vida y con otras responsabilidades, esa brecha no es igual, no es lo mismo. Entonces, la osadía generalmente disminuye. Cambia la conciencia de la vida, la vida pasa de ser infinita a ser finita, y eso hace que hagas todo distinto.

¿Una comida?
Estoy entre hamburguesa y sushi.. Estoy ahí..

¿Un lugar en el mundo?
Acá.

¿Un libro?
La rebelión de atlas.

¿Equipo de fútbol?
Boca.

¿Una película?
Sueños de libertad.

¿Tu cable a tierra?
El deporte y The Shelter.

¿Un miedo?
Un miedo, nada más?

¿Un sueño?
Hablar francés perfectamente.

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