En diversas oportunidades hemos escuchado la célebre frase de que “lo esencial es invisible a los ojos” tomada de El Principito, pero ¿qué quiere decir?, ¿hace referencia al amor, amistad o a la vida quizás? Nada de eso. Lo verdaderamente importante, que está más allá de nuestros sentidos, es un fenómeno llamado “la curva”.

Lo primero que podríamos preguntarnos es: ¿qué es la curva? Una definición básica, esa que le decís a tus padres o amigos no ditellianos, sería que es la distribución de notas de los alumnos, de las cuales aprueban aquellas que están por encima de dos tercios de la media. En muchos casos damos esta explicación para justificar las más bajas calificaciones y confundir a quien pregunta, porque, si somos sinceros, nadie hace el esfuerzo de pensar qué significa “dos tercios de la media”. Pero, adentrándonos un poco más en las mentes de los ditellianos, descubrimos que es mucho más. 

Tal vez estaría bien decir que es eso que te hace apretar el puño por debajo de la mesa cuando alguien hace una pregunta tonta (por no utilizar otro término) en la clase, pensando en el fondo: “ese baja la curva, seguro”. Pero es un arma de doble filo: nos trae grandes dolores de cabeza cuando vemos que estamos en la comisión con todos descendientes de Keynes o Adam Smith.

No exagero cuando digo que nos da una leve sensación de alivio cuando es el día antes de rendir, a la madrugada, y no entendemos absolutamente nada, y decimos: “ya fue, hay curva”. Lo grandioso es que también nos sirve de “autoconsuelo” luego de dar el examen, nos da una breve ilusión de aprobar luego de haber hecho un parcial que si lo viese Milton Friedman se vuelve a morir.

La curva es a los ditellianos lo que Estados Unidos fue a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, lo que Cabral representó para San Martín en San Lorenzo o, por qué no, lo que Maradona era para la Argentina en el Mundial 1986: salvación. Esto la hace sonar como una especie de Dios o un santo a la que los alumnos le rezan y le son devotos, que en parte es cierto.

En conclusión, podríamos decir que la curva es la depositaria de nuestra fe, nuestra fuente de ilusión y de esperanza. La queremos, nos hacemos adictos a ella y la extrañanamos cuando no la tenemos, aunque a veces “se ponga muy alta” y nos juegue una mala pasada. Pero siempre la perdonamos, en nombre de aquellas oportunidades que “nos salvó las papas” y nos hizo pasar.

Este proyecto hace un pequeño homenaje, al llevar su nombre, a nada más y nada menos que La Curva.

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