“La duda es uno de los nombres de la inteligencia” Jorge Luis Borges. Un maestro. No solamente de la literatura argentina sino también del pensamiento metafísico. Se podría decir que el exorbitante dudar nos acerca un poco al entendimiento de los comienzos. Quizás mejor, al soberbio “Por qué”. Sí, es cierto que en vez de generar respuestas solo trae consigo más preguntas y que es un pensamiento, en sí mismo, infinito- si es que el tiempo es real. Sin embargo, creo que, si nos permitimos dudar y romper con el (quizás impuesto, y a veces muy peligroso) “estigma social” de estar conforme, como bien diría Borges, nos acercaría a algún cierto tipo de verdad- si es que realmente existe. Digo “si es que realmente existe” la verdad como verdad pura, no relativa. Acá viene lo interesante del tema.

Difícil es pensar en un mundo donde se castigaba por cuestionar lo que la sociedad consideraba como verdad. Lo exigido como pensamiento colectivo nunca llevó ni dio buenos resultados. Creo yo, que el ser humano comienza a crear cierto juicio y concepción de la vida cuando llega el abismo. ¿El miedo a qué? Pues a la muerte inminente. A la muerte como único saber. “Lo único inequívoco que se, es que voy a morir”, y con morir me refiero a dejar el mundo de lo humano. Nunca nadie supo qué pasa después.

Y luego aparece otra pregunta que no tiene respuesta. Por lo menos la ciencia todavía no la dio. Y es a la creación del mundo. No de la Tierra, sino de todo lo que vive afuera de ella. Entonces, acá es donde el ser humano crea al gran y poderoso Dios. Dios como respuesta a todo lo incierto, o quizás, mejor llamarlo lo desconocido. Ahora… todo muy lindo si nos conformamos con Dios y si dentro nuestro aceptamos únicamente respuestas cuya esencia no se pueda medir ni demostrar empíricamente; es bastante fácil. Quizás nos convencemos fuertemente de que algo en lo que en realidad no creemos, existe, solamente para sostener nuestra vida mundana y dar explicación a lo que no sabemos. ¿Existe Dios? Si como Dios llamamos al Dios personal, entonces, no existe. Ahora, si como Dios entendemos a aquello que no podemos responder, lo que va más allá de lo demostrado científicamente, que no es una persona ni una “energía” (cualquiera sea su definición que hoy en día está de moda), entonces, no sé. Sin embargo, analicemos lo siguiente.

 La ciencia no necesita fe: justifica sus actos con evidencia. La gran diferencia está en que lo que no puede explicar, no lo justifica con “Dios”. No obstante, a lo largo de los años, la ciencia fue evolucionando y logró dar explicaciones a cosas que nosotros (o por lo menos yo) somos incapaces de deducir. Por lo tanto, genera cierta contradicción que la creencia en Dios nunca hubiera dado una justificación a algunas teorías científicas como, por ejemplo, la teoría de la relatividad de Einstein. Este es un caso de un pensamiento que antes se creía justificado por Dios y hoy tiene una respuesta concreta. Preguntémonos, entonces… ¿cuánto tiempo va a tener que pasar para que la ciencia de una explicación, como ya lo ha hecho, de cosas que hoy se creen producto de Dios?

Es llamativo que la Tora, o la biblia cristiana, determinen que la Tierra se creó entre 6000 y 10000 años atrás cuando, de hecho, la ciencia ha comprobado que la Tierra existe hace 4400 millones de años. O, por ejemplo, el caso de la creación del hombre. Dentro de la religión hay diferentes posturas que coexisten lo cual es es increíblemente llamativo: por un lado, los “creacionistas” que niegan la teoría Darwiniana de la evolución creen que Adán y Eva fueron verdad y, por otro lado, la iglesia católica que sí cree en la teoría de la evolución (aunque afirma, evidentemente, que Dios esta atrás). Entonces, si hay un solo Dios creador ¿por qué haría creer a unos una cosa y a otros,  otra? ¿Las religiones se van a ir adaptando y moldeando sus creencias en paralelo a la ciencia? ¿Cuál sería su base si la mueven constantemente? ¿Qué debemos tomar como literal de la Biblia y qué como simbólico? Lindo juego. Al fin y al cabo, Darwin tenía razón: todo sea por la supervivencia. Un amigo me dijo una vez: “Si existe Dios, es una sombra que va retrocediendo a medida que la ciencia ilumina”. Si la razón no entiende a Dios, entonces, que alguien me explique por qué se creó una máquina que se llama “higgs boson” para capturar partículas de Dios. Sí,  partículas de Dios. ¿No era que la razón no lo puede entender?

Además, ni hablar de quién creó a Dios porque ahí cagamos. ¿Quién lo destruye? ¿Se autodestruye Dios? Si Dios nos creó a nosotros y nosotros como seres humanos  somos bastante complejos, entonces ese algo/alguien que nos creó debe ser aún más complejo. Y, por consiguiente, hubo algo/alguien que tuvo que haber creado a ese algo que nos creó, y así, sucesivamente.

La religión y la existencia de Dios surgen también como respuesta a un orden, a imponer un orden y controlar las acciones humanas. “¿Cómo hacer que no se maten si la ley no es fuerte?” Fácil, auguro un castigo divino… Que cagaso. Y acá hay un delicado problema. ¿La religión determina la moral? Claramente no. ¿Sabemos bajo qué reglas morales se rige Dios?

Lo mejor y más divertido de todo es debatir quién es Dios. ¿Es Jesús, es Ala o es Jehová? Ni hablar del medio oriente, de los budas, hinduistas, yainas, sijes, zoroastrianos y bahais. ¿En qué quedamos? ¿No es medio raro que haya tantos Dioses y que además las religiones basadas en ellos sean completamente contrastadas? ¿Tenían razón los griegos cuando creían en Zeus y ahora es pura mitología? No pueden existir todos al mismo tiempo, sino, no iríamos a la guerra para imponer una creencia. Es una falacia. ¿Por qué uno tiene razón y otro no? ¿Quién les dijo? ¿Solamente porque uno ganó una guerra? ¿Cuál sería EL Dios? ¿Así se convence? ¿Matándonos? Es un poco irónico. Es arbitrario porque si Dios nos quisiera y también quisiera que creamos en él, habría otras maneras de ser religioso y no sería determinado geográficamente. Esto tiene que ver con la historia y las instituciones.

Si Dios fuera “superior”, y realmente le importáramos, habría otra manera de manifestar la fe. Estaría ligado a algo mucho más profundo y no tan coyuntural. Si Dios es benevolente y pone la otra mejilla, entonces que alguien me explique, sin utilizar la justificación del “libre albedrío”, cómo es que la guerra -es decir, matar gente- puede mejorar la situación o es el mensaje de Dios. ¿Por qué existe tanta crueldad? ¿Hasta qué nivel somos libres? ¿Cuál es el “plan divino”?

Al fin y al cabo, vuelvo a nombrar a Borges. Este laberinto de ideas en el cual nos internamos para tratar, desde nuestra ignorancia, de entender un poco mejor de qué se trata la vida. El laberinto borgeano es un sincretismo de lo apocalíptico (maraña caótica sin sentido) y de una profunda esperanza.

No habrá nunca una puerta. Estás adentro
Y el alcázar abarca el universo
Y no tiene ni anverso ni reverso
Ni externo muro ni secreto centro.
No esperes que el rigor de tu camino
Que tercamente se bifurca en otro,
Que tercamente se bifurca en otro,
Tendrá fin. Es de hierro tu destino
Como tu juez. No aguardes la embestida
Del toro que es un hombre y cuya extraña
Forma plural da horror a la maraña
De interminable piedra entretejida.
No existe. Nada esperes. Ni siquiera
En el negro crepúsculo la fiera.

JLB-Laberinto.

 

Foto: Stefan Kunze en https://unsplash.com

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