Desde la inauguración del campus Alcorta, se duplicó la cantidad de alumnos ingresantes a carreras de grado. Este fenómeno disparó un interrogante en muchos estudiantes: ¿Cómo va a hacer la universidad para mantener el nivel de excelencia académica?

Teniendo en cuenta que su principal activo es la calidad de los profesores,  las autoridades se enfrentan a un reto crucial. Mientras en 2012 ingresaban a las carreras 345 personas, en 2015 ingresaron 756. Esto quiere decir que para satisfacer esta demanda creciente de clases de primer año, debería haber, por lo menos, el doble de profesores dictando clases de los que había tres años atrás. Sin embargo, la incorporación de un profesor nunca es un proceso fácil, sobre todo si no se quiere resignar calidad educativa.

Cada profesor nuevo es uno que se tiene que adaptar a la vida en nuestra universidad. A pesar de que pueda o no tener experiencia, el perfil del estudiante de Di Tella es muy distinto al de muchas otras universidades. De todas formas, este problema se resolvería al mediano plazo. El principal problema pasa por el hecho de que la gran mayoría del cuerpo de profesores tiene doctorados o maestrías en universidades de gran prestigio internacional. Y mantener esta proporción se hace casi imposible teniendo que duplicarlo en tres años.

En una entrevista con La Curva en el año 2015, Ernesto Schargrodsky, rector de la universidad, afirmó: “Son justamente los `problemas que uno quiere tener’, los problemas de crecimiento. En la medida en la cual más alumnos quieren estudiar en la universidad, nosotros nos enfrentamos con dos problemas: generar la infraestructura y generar los profesores, y estamos haciendo distintos esfuerzos en ambas direcciones. Pero son dos áreas en las que las autoridades y el Consejo de Dirección trabajan directamente. Desde que nos mudamos en abril de 2013, todo el tiempo seguimos haciendo más aulas y seguimos contratando profesores. Pero sí, atender esa demanda es una parte importante de nuestro trabajo.”

Por otro lado, tampoco sería tan grave si esta situación se diera sólo en primer año. Sin embargo, se da también en segundo (si bien en 2013 hubo un aumento en el caudal de ingresantes, no fue tan significativo como las camadas que entraron en 2014 o 2015). Cuando se le preguntó por este tema, el rector opinó: “Creo que esta tendencia se va a mantener en los niveles actuales, en los niveles que ya alcanzó por ejemplo este año. No sé si va a continuar con estas tasas chinas de crecimiento pero además ya estamos volviendo a enfrentar en el nuevo edificio problemas de capacidad.”

Sumado a esto, el tamaño de las aulas es significativamente más grande. Mientras hace unos años un profesor tenía una clase de 30 alumnos, hoy tiene una de 60. Sin embargo, el directivo no coincide con esta visión: “No veo un problema en términos de tamaño de las aulas. Yo estudié y enseñe en universidades importantes en EE.UU. como Harvard o Stanford,  y es muy habitual tener un curso en el MBA de Harvard, por ejemplo, de 80 o 90 alumnos por profesor. O en el grado de Harvard, las lectures se dan en un teatro con 250, 300 alumnos… El ratio de alumnos por aulas me parece que es muy razonable. Sí está el desafío de generar las aulas y de contratar los profesores para que den clase.”

¿Pero cuál es el fin de este crecimiento? Más allá de que la universidad esté o no preparada para crecer, ¿para qué? Schargrodsky explicó: “La universidad en ningún momento piensa ser una universidad masiva. Pero sí es una universidad creada con el objetivo de transformar y mejorar la realidad de nuestro país y para eso tenemos que tener un tamaño un poco mayor del que tenemos. Con una escala muy pequeña, el número de jóvenes que podemos educar es muy pequeño y el efecto reproductivo de esos jóvenes en la sociedad es muy pequeño. Al mismo tiempo, por supuesto que ese crecimiento tiene esas preocupaciones sobre la calidad… Pero realmente creo que con nuestro cuerpo de profesores lo estamos pudiendo afrontar…”

“El objetivo es que creemos realmente que teníamos capacidades desaprovechadas, que estábamos educando a un número reducido de gente… Cuando uno mira en México, en Brasil, en Chile, en Colombia, universidades que consideramos valiosas, pares nuestros, son universidades que típicamente nos cuadruplican en tamaño; siendo Argentina un país de 40, 45 millones de personas y siendo el AMBA un área de 13 millones de personas. Cuando uno se compara con universidades chilenas donde uno es mucho más pequeño ve que hay una pérdida de potencial, de impacto. Creo que Argentina necesita que seamos más grandes, sin sacrificar la calidad que estoy convencido de que no la estamos sacrificando.”

Al mismo tiempo, esto le permite a Di Tella aumentar la calidad del alumnado: “Una cosa bien clara para nosotros, el mejor predictor del performance en la universidad cuando lo analizamos econométricamente, es la nota de un alumno en el colegio secundario. Incluso, sorprendentemente, eso es independiente de qué colegio venga. Es decir, un alumno que tiene promedio en el colegio secundario superior a 8, está mostrando un nivel de disciplina, de involucramiento, de afecto con el conocimiento y con el estudio, que predice que después le va muy bien en la universidad. Y por ejemplo el porcentaje de alumnos con promedio superior a 8 está claramente creciendo. Es decir que gracias la mayor demanda estamos aumentando la selectividad.”

En definitiva, Di Tella creció a tasas muy elevadas en los últimos tres años pero entrará en un período de estancamiento, por lo menos en cuanto a entrada de estudiantes por año. Queda el interrogante de si hubiera sido mejor hacerlo a tasas más pequeñas, pero la universidad está convencida de que está funcionando a su máximo potencial.

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